La importancia de aprender a gestionar nuestras emociones

  • ¿Eres capaz de responder con serenidad a las circunstancias adversas o difíciles de la vida?
  • ¿Puedes dejar ir los pensamientos que nublan tu juicio en una situación de miedo o ansiedad?
  • ¿Eres capaz de dejar enfriar tu enfado antes de actuar? 

Actuar por impulso, reaccionar en lugar de responder, tomar decisiones cegados por intensas emociones, no suelen llevarnos a tomar las mejores decisiones.

En muchas ocasiones las personas actuamos sin reflexionar, totalmente guiados por nuestras emociones, sobre todo cuando estas son intensas y súbitas. Muchos problemas en el ámbito personal, familiar, laboral o en los negocios podrían evitarse aprendiendo a autoregularnos emocionalmente. Me gustaría que reflexionemos juntos:

  • ¿Cuántas discusiones absurdas tenemos por desahogarnos de forma impulsiva y sin pensar?
  • ¿Cuántos errores cometemos por actuar con premura, sin reflexionar acerca de lo que estamos haciendo?
  • ¿Cuántas veces hemos dicho algo guiados por el enfado, de lo que después nos hemos arrepentido?
  • ¿En cuántas ocasiones hemos actuado cegados por nuestra emociones y nos hemos equivocado?

Quiero que recuerdes todas las ocasiones en las que has actuado por impulso, cegado por fuertes sentimientos y emociones, como el enfado, la ira, el miedo, el desconcierto, etc. Sé sincero ¿Qué resultados has cosechado?.

Creo que no me equivoco cuando digo, que todos en algún momento nos hemos dejado llevar por nuestras emociones. Y en la mayoría de los casos, al recapacitar nos hemos dado cuenta de que nos hemos equivocado. Por ello aprender a gestionar nuestras emociones es un tema de vital importancia.

La necesidad de autogestionar nuestras emociones.

La gestión emocional es un tema que se ha estudiado ampliamente a lo largo de miles de años. Y se ha podido observar que esta tiene una importante relación con nuestra adaptabilidad, bienestar y satisfacción ante la vida.

En el libro el Tao Te Ching, de Lao Tsé (con más de 2.500 años de antigüedad). El autor nos invita a reflexionar acerca de nuestra capacidad de autorregulación emocional en uno de sus versos. Dice así:

¿Eres capaz de esperar a que tu fango se decante y tu agua sea clara?

¿Eres capaz de esperar a que la acción justa aflore?.

Lao Tsé.

Mi interpretación de estos versos es la siguiente:

  • ¿Eres capaz de esperar a que tus emociones se serenen y tu mente esté vacía de pensamientos y emociones que nublan tu juicio?.
  • ¿Eres capaz de esperar hasta serenarte y pensar con claridad, para que la mejor opción surja por sí misma?.

En la actualidad la psicología moderna con el estudio de la inteligencia emocional coincide en que la autorregulación de las emociones es de vital importancia para una mejor adaptabilidad y satisfacción ante la vida. De hecho, las tres teorías más importante en el campo de la inteligencia emocional tienen como premisa fundamental la importancia de la autorregulación emocional.

Según Daniel Goleman, psicólogo, referente en este campo, y autor del bestseller “Inteligencia emocional”:

“La habilidad de hacer una pausa y no actuar ante el primer impulso, se ha vuelto un aprendizaje crucial en la vida diaria”

Daniel Goleman.

En el ámbito de la inteligencia emocional cuando hablamos de la necesidad de aprender a gestionar nuestras emociones, nos referimos sobre todo a las emociones más incapacitantes y estresantes. No a todas las emociones en general. Entendiendo que las emociones positivas como la alegría o el amor, son emociones que enriquecen nuestra vida.

“La sociedad del impulso”.

La sociedad actual es una sociedad rápida, caótica y frenética, siempre en movimiento y acción. Que bien podríamos llamar la sociedad del impulso.

En ella prima el producir, hacer, actuar, correr, pasar a la acción haciendo “lo que sea”; en lugar de parar y actuar con calma y reflexión. En muchas ocasiones pareciera que el actuar rápido es una virtud, y esto solo es verdad en situaciones muy críticas y concretas. Y por supuesto, sobra decir que siempre que la acción sea certera.

Estamos tan sumergidos en este estilo de vida rápido y sin reflexión, que en muchas ocasiones las personas prefieren seguir sus impulsos y la inercia del momento, llevando a cabo acciones que pueden ser muy negativas para ellos mismos (para su salud, su familia, su economía, sus relaciones, etc.) o para el mundo en general, que simplemente parar y reflexionar antes de actuar.

 Y yo me pregunto ¿De qué sirve la acción sin reflexión? ¿Pueden las acciones y reacciones impulsivas ofrecernos resultados positivos a largo plazo?

En mi opinión, cuando unimos el estilo de vida imperante en esta sociedad, donde todo el mundo va estresado y cansado, de aquí para allá, absortos en pantallas, sin reflexionar, dominados por lo estímulos externos; con los momentos en los que estamos cegados por nuestras emociones y sentimientos, donde reaccionamos de forma instintiva a los acontecimientos que nos suceden, en lugar de responder desde la tranquilidad y la reflexión. La mezcla es explosiva.

A continuación vamos a ver algunos ejemplos para ilustrar mejor estas ideas:

  • Maria está enfada e iracunda porque en su trabajo la han tratado mal. Al llegar a su casa, ante una pregunta de un familiar acerca de un asunto que deben solucionar, estalla. Comienza a gritar y a volcar todo su enfado y tensión con esta persona.
  • Pedro ve peligrar su negocio a causa de la situación económica actual. Se siente perdido y no sabe qué hacer, pero quiere hacer algo ya. En una decisión precipitada y desesperada, siguiendo lo que ha visto en otras negocios que parecen ser “exitosos”, pide asesoramiento al primer profesional que encuentra. Este dice ofrecer unos grandes resultados, y lo contrata sin verificar si es real o no. Tras gastarse mucho dinero en servicios y productos, nada mejora; pues el profesional parece que no lo era tanto. Ahora Pedro se encuentra más endeudado, más perdido, y su negocio está en una peor situación.
  • Isabel se encuentra muy decepcionada con su vida y tiene el autoestima por los suelos. Al pasar al lado de una tienda ve en un escaparate un conjunto de ropa muy bonito y caro. Casualmente ha visto ayer ese conjunto a una chica que sigue en las redes sociales. Esta chica en sus fotos parece muy feliz, segura de sí misma y exitosa. Así que decide comprarlo, pese a que en este momento no dispone de mucho dinero. En la primera reunión social que tiene se lo pone, pero nada cambia, sigue sintiéndose igualmente de decepcionada y falta de autoestima. Isabel se ha dejado llevar por sus emociones; y por cómo el marketing conoce nuestras necesidades de amor, autoestima, de pertenencia, etc. en su decisión de compra. Al final se encuentra en la misma situación, pero con menos dinero.
  • Joaquín lleva dos meses siguiendo un plan de alimentación saludable y ha conseguido mejorar mucho su salud. Pero ha discutido con su pareja y se siente triste y enfadado. Así que decide sentarse en el sofá y atiborrarse de comida basura, para calmar sus emociones. Durante toda la tarde se pega un atracón para calmar su ansiedad, con la ilusión de que eso le hará sentirse mejor. Al finalizar el día, se siente aún peor. Su problema de pareja sigue igual, ha fallado en su plan de mejorar su salud y se ha dado un atracón emocional.
  • Patricia está sufriendo un fuerte pico de estrés y ansiedad, se encuentra muy preocupada por su futuro. Esto genera una gran tensión en su interior, se siente sobrepasada, y necesita soltar toda esa ansiedad que está acumulando. En lugar de observarse, ser consciente de lo que le ocurre, y aprender alguna técnica para autogestionar o calmar estas emociones, explota. Y vierte toda esa tensión en forma de gritos sobre una persona cercana.

Todas estas situaciones tienen una cosa en común, podrían evitarse o mejorarse a través de la autorregulación emocional. Simplemente propiciando un lugar para la pausa, la calma y la reflexión.

Aprender a regular nuestras emociones.

Todos podemos aprender a regular nuestros pensamientos y emociones. Todos podemos comenzar a actuar desde la calma y la reflexión, para de este modo encontrar la mejor respuesta en cada situación.

Mantener la serenidad pese a las circunstancias que nos rodean es posible, pero además es lo más inteligente, adaptativo y productivo que podemos hacer.

Todos cuando nos sentimos ofendidos, enfadados, intensamente estresados; cuando sentimos miedo, ira, afán de venganza, desesperación, etc. Podemos elegir entre dos alternativas: dejarnos llevar por nuestras emociones e impulsos o serenarnos para actuar desde la calma y la claridad.

Según Viktor Frankl, psiquiatra, superviviente de un campo de concentración y escritor del libro “El hombre en busca de sentido”:

“Entre el estímulo de la realidad, y la respuesta de un individuo, existe la libertad de elegir cómo responder. La libertad última de un individuo”

Viktor Frankl.

(Si te apetece profundizar sobre esta idea, puedes hacerlo en este artículo, y también en este vídeo).

De hecho desde el ámbito de la inteligencia emocional, se relaciona la capacidad de gestionar un impulso con la madurez emocional de un individuo. Es decir, cuanto más difícil es para una persona controlar sus impulsos, más infantil es su actitud.

Aprender a mantenernos serenos en situaciones difíciles o estresantes es el mayor dominio de uno mismo que podemos alcanzar. Y aprender a gestionar nuestras emociones nos ayuda a conseguirlo.

¿Cómo gestionar nuestra emociones?

Podemos comenzar a autorregularnos emocionalmente, aprendiendo a observar nuestros pensamientos y emociones, a través de la pausa; dándonos el tiempo, el espacio y el permiso necesario para calmar nuestras emociones y serenar nuestro interior. Cuando tomamos la decisión de esperar y dejar enfriar nuestros sentimientos, podemos pensar con mayor claridad, y de este modo logramos tomar mejores decisiones.

Para lograr pausarnos, calmarnos, enfriar nuestras emociones, serenarnos y poder pensar con mayor claridad, podemos realizar algunas de estas actividades:

  • Desahogar nuestros sentimientos y pensamientos con una persona de confianza. Y a ser posible que nos pueda dar un feedback (retroalimentación) positivo y constructivo, que pueda servirnos de espejo.
  • Tomar distancia física y mental de la situación, yéndonos del lugar en el que estamos o ha sucedido la situación, al menos por un rato.
  • Escribir lo que sentimos, desahogar nuestros sentimientos, por ejemplo en nuestra libreta de evolución personal. Una vez calmados podemos intentar hacer algunos ejercicios de escritura que pueden sernos de utilidad, como por ejemplo: explicar por escrito la situación de forma objetiva, reflexionar y escribir sobre las diferentes alternativas que podemos tomar ante la situación, escribir los pros y los contras de una decisión o redactar de forma objetivo lo ocurrido, como si la historia le estuviese sucediendo a otra persona.
  • Salir a pasear para calmarnos, serenar nuestra mente y nuestras emociones. También es muy positivo practicar cualquier actividad física que disfrutemos (como por ejemplo, salir a correr, bailar, o incluso limpiar). Tras realizar una actividad física solemos sentirnos más relajados y serenos, y de este modo podremos pensar con más claridad.
  • Practicar algún ejercicio de meditación, una práctica de atención plena o simplemente disfrutar de un ratito de silencio. Todas estas prácticas nos sirven para disminuir el estrés y la ansiedad, para serenar e interrumpir el flujo de pensamientos que retroalimentan nuestras emociones, y para conectar con nuestra calma interior.

Cualquiera de estas actividades nos sirve para calmar nuestra mente, serenar las emociones, liberar tensiones, tomar distancia de la situación, pensar con mayor objetividad y volver a nuestro estado óptimo de tranquilidad. Esto hará que seamos capaces de actuar con serenidad, objetividad y asertividad, en pro de la mejor solución posible a la situación.

Todos ante un problema o dificultad podemos autogestionar nuestras emociones, todos podemos esperar hasta encontrar la acción correcta, todos podemos aprender a actuar desde el sosiego y la reflexión. Y de hecho en mi opinión si todos los seres humanos de este planeta aprendiéramos a hacerlo, estoy segura de que el mundo sería un lugar mucho mejor.

Personalmente  cuando no se qué hacer, cuando me veo sobrepasada por las circunstancias o cegada por la emociones, recuerdo la frase:

Foto con frase: ¿Eres capaz de esperar a que tu fango se decante y el agua sea clara? de Lao Tsé.

De este modo me hago consciente de que quizás lo mejor que puedo hacer es parar, calmar mis emociones, serenar mis pensamientos, autoobservarme y reflexionar acerca de la situación. Para desde la calma encontrar la respuesta más acertada que en este momento puedo ofrecer.

Me gustaría invitarte a que pruebes a hacer lo mismo. A que la próxima vez que te sientas tentando a actuar por impulso, a tomar decisiones guiado por intensas emociones, te des el permiso de parar, respirar y tomar distancia de la situación.

Recuerda que siempre puedes esperar a que tus emociones se serenen y a que tus aguas internas se vuelvan cristalinas, antes de actuar. Recuerda que en la pausa y la reflexión podrás encontrar la mejor solución. Recuerda que eres libre para elegir la actitud con la que respondes a las circunstancias de tu vida.


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Un abrazo y hasta pronto.

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2 comentarios de “La importancia de aprender a gestionar nuestras emociones”

  1. Hola Laura .Es difícil pero no imposible,en estos meses de confinamiento descubrí la maravillosa quietud que se puede encontrar en la meditación y me ha ayudado mucho a controlar las reacciones atropelladas ..observo la emoción trato de parar ,eso no quiere decir que ya no reacciono pero si lo hago me doy cuenta y trato de revertirlo Gracias por todas tus publicaciones las leo siempre aprendo y reflexiono.

    1. Estoy de totalmente de acuerdo contigo Alicia. Aprender a gestionar nuestras emociones o reacciones más impulsivas no es un proceso fácil. De hecho, crecer, evolucionar y transformarnos son procesos de naturaleza incomoda, que requieren en ocasiones de mucho trabajo y paciencia. Pero si me lo permites me gustaría decirte que, que hayas sido capaz de lograr todo esto que compartes, durante este complicado momento que estamos viviendo a nivel global, es algo de lo que puedes sentirte muy orgullosa. Por supuesto, la evolución personal es un camino que nunca se acaba, siempre podemos seguir aprendiendo y evolucionando, más y más. Muchas gracias por tu lindo comentario y por acompañarme en el blog, ojala sigamos creciendo, aprendiendo, reflexionando y evolucionando juntas. Un abrazo.

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